Los retos que enfrentan las madres del siglo XXI

Las madres actuales afrontan nuevos problemas, cambios y retos que no tenían las de anteriores generaciones, derivados en buena medida del salto tecnológico y de su papel laboral en la sociedad. Tres expertas en Internet y relaciones humanas y familiares explican el cambio de la figura materna y la educación de los hijos en un mundo globalizado.

La figura de la madre ha experimentado importantes cambios en los últimos 25 años, en los que se ha producido la transición a las nuevas tecnologías digitales que han revolucionado la vida social, familiar, educativa y laboral.

“Hemos pasado de ser solo madres, a ser madres trabajadoras, sacrificándonos por nuestros hijos e intentando llegar a todo, olvidándonos de nosotras mismas”, explica Cristina Faustino, especializada en conciliación de maternidad, trabajo y empresa, experta de Womenalia (www.womenalia.com) , una red social mundial para mujeres profesionales.

Ahora somos madres equilibristas entre el trabajo y la familia y, por suerte, estamos evolucionando a madres apasionadas, que ponen pasión en su profesión y disfrutan de su maternidad sin olvidarse de si mismas”, según Faustino.

La mayor parte de las madres ahora trabajan o quieren trabajar, mientras que hace 25 años casi ninguna lo hacía, por elección propia, fruto de una sociedad que se había estructurado así”, señala a Efe, Elisabet Marill, psicóloga industrial, experta en tecnologías aplicadas a la educación y directora de Qualiteasy Internet Solutions (http://qualiteasy.ning.com),empresa especializada en gestión y comunicación a través de Internet.

Según esta experta, “hace un cuarto de siglo las madres en su mayoría no trabajaban y estaban al cuidado de sus hijos, pero ya aconsejaban a sus hijas que trabajaran después del matrimonio”.

“La madre ha pasado, de estar presente en casa a todas horas y encargarse de todos los aspectos domésticos y escolares de los hijos, a ser una figura que tiene también obligaciones fuera de casa y que comparte, o quiere compartir, las responsabilidades domesticas y escolares con su cónyuge y, si eso no es posible, con alguna otra persona”, destaca Marill.

“En los últimos años se mantiene la madre trabajadora que compagina su trabajo exterior con el trabajo dentro del hogar y el cuidado de sus hijos, a diferencia de sus madres que estaban ocupadas básicamente de realizar las tareas domésticas y cuidar de los niños”, señala por su parte Mar Soler López, trabajadora y perito social, asesora familiar de Womenalia.

Tres habilidades clave para usar Internet

Respecto de cómo afectan las nuevas tecnologías a la educación de los hijos y qué deben tener cuenta las madres al ajustar la presencia de su hijo en Internet, Cristina Faustino, señala que “es necesario que se doten de nuevas habilidades para que puedan vivir felizmente en este entorno tecnológico”.

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Tres habilidades que las madres deben cultivar y fomentar en sus hijos en la era de Internet son las de tener el espíritu crítico de saber que no todo lo que consta en la Red es verdad, aprender a gestionar un gran volumen de información, planteándose para qué se quiere dicha información sin distraerse del objetivo, y ejercitar la voluntad para no caer en la adicción a las redes sociales”, indica Faustino.

Además, “una madre debe tener en cuenta que no se puede evitar el acceso a Internet, que la información que aportemos a la red es para siempre y que se ha de utilizar el sentido común para evitar riesgos”, añade esta experta.

Por ello, antes de introducir contenidos -como fotos o comentarios- en la Red, recomienda plantearse preguntas como “¿esto que voy a escribir lo diría cara a cara? o ¿esta información la compartiría con la gente que va en un autobús?.

“Asimismo, las madres deben analizar qué tipo de información están colgando en la Red sus hijos y qué implicaciones pueden tener ahora y mañana, cuando ellos sean adultos”, advierte.

“Las nuevas tecnologías nos han dado mayor flexibilidad para poder estar en casa cuando es necesario y teletrabajar, y nos permiten relacionarnos con nuestros hijos cuando están lejos. Bien utilizadas nos ayudan a estar más presentes”, destaca.

Aunque reconoce que “pueden ser una distracción en nuestras relaciones, si se sustituyen conversaciones en las comidas con la familia por mensajes con teléfonos inteligentes con los amigos o compañeros”.

Según Elisabet Marill, “para los niños actuales un televisor, un ordenador o cualquier otro dispositivo tecnológico es como un frigorífico, una lavadora o cualquier otro elemento domestico”.

Las dos caras de la tecnología

“Igual que cuando yo era pequeña se hablaba de racionar las horas de televisión, ahora se habla de racionar Internet. El día tiene 24 horas y, si los niños dedican tiempo a una actividad, no podrán hacer otra. Por tanto, lo importante es ayudarles a encontrar aquello que les gusta hacer, para que lo hagan convencidos y bien”, enfatiza.

Para Marill “los aspectos formativos y preventivos respecto a Internet, las redes sociales y otras posibilidades de las nuevas tecnologías, deben formar parte del proceso educativo del niño, igual que les prevenimos y enseñamos a elegir amistades, a ir por la calle solos, a respetar a lo demás, a comer o a dormir”.

Por otra parte, “si como novedades tecnológicas entendemos todo aquello que hace la vida más fácil a nivel domestico y social, ¡todas son bienvenidas”, señala.

“No tener que perder tiempo en largos desplazamientos a la hora de hacer gestiones. Poder sacar una receta y ahorrar tiempo en la cocina, o no tener la preocupación de localizar a los adolescentes en sus salidas, cuando van con dispositivos móviles, son algunos aspectos que posibilitan las tecnologías y hacen que una madre disponga de mayor tranquilidad, mental y física para ofrecer tiempo de calidad a sus hijos, sin desatender los aspectos logísticos”, finaliza.

Para Mar Soler, “las nuevas tecnologías pueden tener influencias positivas y negativas en los hijos, porque ayudan a la educación sirviendo de guía educativa pero, al ofrecer un gran despliegue de información, los menores pueden contagiarse de conductas nocivas que pongan en peligro su estabilidad emocional”.

Para esta experta, “la madre deberá tener en cuenta la edad del menor y la accesibilidad a los contenidos y redes sociales, vetando aquellos a los que no se ajusten a la edad del niño”.

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